MUSICA DEL ALMA

La Música es un espejo que refleja fielmente la imagen de cada uno
de nosotros, pero la mirada es cambiante. Unas veces nos miramos
con el corazón. Otras con el alma. Otras con el intelecto…y
siempre nos devuelve una visión distinta.
Si tocas un instrumento, transciendes el espejo y vas más allá. Si
sólo escuchas, eres el destinatario...uno mismo.
A veces, es como una carta escrita en diferentes idiomas. Intuímos
que quien nos escribe, tiene algo importante que decirnos, pero no
entendemos su lenguaje… ¿Cuántas cartas tendremos sin abrir?.
¿Cuántos idiomas que aprender?. Si abrimos las ventanas, espejo,
carta y persona se iluminan. Entonces, los ojos, los oídos y la voz
se conectan los unos a los otros, y aparece el fondo. Y es la
Música.
Miguel Gibert
Bilbao 2005

GUSTAV LEONHARDT
“Un Nombre para la Eternidad”
Casi todos los músicos intérpretes, a través de su experiencia
personal, tratan de traducir el lenguaje musical de un compositor,
para que su obra sea expresada lo más fidedignamente posible. Pero
dada la cantidad de diferentes conceptos en la interpretación de
una misma pieza musical según se realice en manos de uno u otro
músico, sería difícil decidir cual es la forma que más se acerca a
la idea original de quien compuso la obra.
Leonhardt es el “traductor” perfecto de una esencia que
se intuye, pero que no se conoce a ciencia cierta.
“Traducir”, es algo muy difícil si se quiere no
desvirtuar una idea, una emoción o sencillamente una expresión del
espíritu creador original. Esta “traducción” no
significa que Gustav Leonhardt ha tomado una partitura con sus
anotaciones y expresiones musicales de las épocas, investigando en
la enorme sabiduría de aquellos creadores, de una forma pionera,
sino que utiliza su intuición para llevar su espíritu de sabiduría
y sensibilidad a las manos., y unido todo esto a su propia técnica
y formación impecables, nos permite “volar” encima de
las obras y hacernos creer que son algo asequibles a nuestros
deseos y conocimientos musicales.
El ha relatado, en algunas de sus anécdotas, que, cuando Martín
Sakowroneck, en Bremen, 1962, construyó un clave según los planos
originales y utilizando los materiales adecuados según la época, se
dio cuenta de que ni se podía tocar de la misma manera que hasta
entonces, y de que la música escrita para este instrumento era
completamente diferente a otras. Ni tan siquiera, la afinación y la
tensión de las cuerdas del clavecín se regían por las normas
conocidas hasta es momento. Por lo tanto, todo comenzaría a sonar
de una manera completamente distinta, que sería pionera y que
tendría su propia evolución que continúa hasta hoy día,
enfrentándose así, directamente , y sin el proponérselo, a todos
los conceptos de tipo romántico, con los que se ejecutaba la Música
Antigua.
A veces, las cosas son así de sencillas o así de complicadas.
Gustav Lenhardt se transforma a pesar de él mismo en la
“Restauración y en la Reforma”, al tiempo que el mundo
(una pequeñísima parte), se abre a un interés desmesurado y
progresivo por la Música Antigua” (históricamente informada).
La presión ejercida por los circuitos de difusión musical…
hasta ahora, llamada Clásica., hizo que, lo que se inició cómo una
labor de descubrimiento casi de tipo arqueológico, se convirtiera,
posteriormente en un producto vendible, con lo que , casi
acercándonos a los años ochenta del siglo pasado, parecía que de
repente, “todo” el mundo se desvivía por comprar
discografía de Música Antigua y Barroca con interpretaciones
historicistas e instrumentos de “época”.. e incluso
asistir en cualquier época del año, casi en masa… para
contemplar y escuchar conciertos sacados de su contexto
religioso… o intimista porque de esa forma se rentabilizaba
mucho más las actuaciones de solistas y grupos.. que ya eran
considerados cómo especialistas.
Leonhardt… de formación religiosa calvinista… y austero
por naturaleza ha tenido que soportar incongruencias tamañas.. y de
hecho pide en sus actuaciones, que , primero ,las pasiones sean
interpretadas en un recinto religioso.. y que además, se ruegue a
los asistentes que repriman su compulsión de aplaudir al final de
tales obras… pues no están destinadas para la euforia
estética, sino para la contemplación espiritual e intelectual de
las mismas. Eso ha sido realmente difícil de conseguir. No existe
nada más impropio que la interpretación de música religiosa en un
teatro o un recital de clavecín en un recinto grande, destinado a
orquestas e incluso ópera.
Esta inteligente visión del músico y su especial magia para
transmitir, es lo que lleva a Gustav Leonhardt, a que todo lo que
tiene de complicada su investigación musicológica sobre la Música
Antigua sea trasladado al oyente (hasta entonces no especializado)
de una sutil manera disfrazada de sencillez, austeridad y porte
aristocrático, mezcla casi imposible de sobrellevar en los mundos
del Arte, de hoy en día.
Es posible que estas ideas no se correspondan con un Leonhardt
“real”, según el mismo (no le gustan que le consideren
cómo una “reliquia” inaccesible), pero es la idea que
transmite su “personaje”, quizás elegido por la
Historia del Arte, cómo espejo de una época a la que nos es
imposible regresar, la que nos hace no necesitar volver la mirada
hacia ninguna parte, sino escuchar en presente “lo que es, lo
que hay”….. la parte que faltaba de la Historia de la
Música.

No es casual,
que después de muchos años de escucha, de las Variaciones Goldberg
de J.B. Bach, en todas las versiones posibles con diferentes
intérpretes, siempre que uno escucha interiormente ésta música,
oye, a Gustav Leonhardt y no a otro (incluyendo en esta escucha
interior el inexorable “tic-tac” de un reloj de fondo
que suena en la tercera versión de Lenonhardt de la obra, para DHM
– 1978), quizás cómo una referencia intelectual selectiva en
la que basar el trabajo de interpretación de los demás
clavecinistas contemporáneos. El cerebro y el espíritu, crean estas
fijaciones. Hay “formas” de tocar el clave: cómo Bach,
los Couperin,
D´Anglebert, Chambonniéres, cómo Froberger, etc….. y
cómo…. Gustav Leonhardt.
Lo asombroso de este gran músico es que es capaz de transmitir sus
ideas a todas las obras que decide revisar e interpretar,
confiriéndoles a cada a cada una de ellas, el estilo adecuado (su
estilo) y que… casualmente es el estilo adecuado para cada
una de ellas.
Cuando uno escucha una grabación suya podría decir “ ¡es
Leonhardt!”, para, a continuación, interesarse por el nombre
del compositor. Curiosa paradoja para un músico que desea
interferir lo mínimo entre música y oyente.
La Pasión según S. Mateo de J. S. Bach de la “Petite
Bande” en 1989 (DHM 1990) es “LA PASIÓN”. Su
realización, desnuda de artificio y llena de reflexión emotiva, no
necesita aplausos ni efluvios sentimentales. Termina con un
silencio que te coloca en el vacío. No son necesarias ni saludos ni
ramos de flores. Sólo la apertura hacia la escucha de uno mismo
cómo un eco que queda grabado en el Alma….”LA PASIÓN
SEGÚN LEONHARDT”.
Cualquiera que escuche la voz y la dicción de Leonhardt entenderá
su forma de tocar. La referencia es la entonación , la suavidad,
musicalidad y la precisión. Es un camino para convencerte, a su
manera, de que lo que oyes es lo escrito sin añadidos, haciéndote
entender que la grandiosidad está en su austeridad.
Muchas de las decisiones que toman los intérpretes y directores
para realizar una obra están basadas en gran parte en las que
alguien ha tomado anteriormente, bien sea actuando a favor o en
contra de las mismas. “Influencias”, se
llaman…..Gustav Lenohardt es una referencia viva. No
solamente cómo profesor, intérprete o director, e incluso cómo
erudito. El es el intérprete y el investigador silencioso. Sus
clases son sus grabaciones, sus conciertos y también su presencia,
aristocráticamente espectacular.
La primera vez que escuché su voz fue en una grabación de 1970 para
Das Alte Werke, (Capriccio Sopra La Lontananza Del Suo Fratello
Dilettíssimo) de J. S. Bach (BWV 992). Todo ello, voz y forma de
escuchar se conserva exactamente igual para mí, después de todos
estos años….Aún permanece.

No personalizar en la observación de un artista a través de los
años corresponde a oyentes exclusivamente analíticos, pero .lo que
una persona músico,pintor,escritor…etc…. significa para
cada uno de nosotros, es intrasferible…pero se nos dice que
hay que informar desapegadamente..y ser frío testigo del arte es
muy difícil.
Si escuchamos a alumnos de Leonhardt ,como Pierre Hantai.Ton
Koopman,Siebe Henstra,Skip Sempée y muchos otros clavecinistas
contemporáneos que han tenido relacion con su forma de enseñar,nos
damos cuenta enseguida de que no adoptan ninguno de ellos la
personalidad del profesor sino las bases de comprensión del idioma
musical adecuado a las obras quedando todo lo demás en manos del
intérpretes como si una huella de Leonhardt quedara en lo mas
profundo del alumno, que no necesita ser mostrada, sino revelada en
su propia esencia….Imitar a Gustav Leonhardt no tendría
ningún sentido.
Esta pequeña historia sobre Gusta Leonhardt (el “personaje)
es cómo un adorno en la intepretación de una partitura vital…
en donde todas las líneas están escritas claramente, pero se deja
al intérprete la libertad de expresar su propio sentimiento sobre
la música escrita. Esta es en sí misma la grandeza de la
Música.
Miguel
Gibert
2008
Articulo publicado por la revista AudioClasica - Mayo de
08