El Gigante de la Plaza
El sol brillaba y el Gigante parecía menos terrible. Pero sus raíces de hierro y su cuello de acero fijó a los transeúntes con mirada hipnótica. Si os fijaís, se percibe un tanto de envidia en el edificio nuevo... algo así como una competencia de protagonismo, hasta el punto que condensaba la luz del sol en sus cristales y a punto estuvo de derretirnos la mirada.
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